Un cambio para salvar la Revolución

Los años 1814-1816 fueron un periodo de crisis terminal para la revolución independentista hispanoamericana. El fin de la guerra de la independencia española y la restauración del trono de Fernando VII en 1814 permitió al Imperio Español concentrar sus fuerzas sobre América. Los ejércitos revolucionarios en el Alto Perú fueron derrotados una y otra vez a manos de los realistas en Ayohuma, Vilcapuio y Sipe Sipe. Por el oeste las fuerzas realistas acabaron en la batalla de Rancagua con los Patriotas chilenos, en el norte el General Morillo aplastaba y expulsaba a los revolucionarios venezolanos y neogranadinos, mientras que en el litoral rioplatense los portugueses asolaban la Banda oriental y el proyecto federal artiguista. Así la revolución americana se encontraba dividida y casi derrotada. En este contexto, en 1816 se efectúa la reunión del Congreso de Tucumán, se nombra a Pueyrredón nuevo Director Supremo, se declara la independencia de las Provincias Unidas de Sud América y la Revolución se salva. Este vuelco político que declara la independencia tiene un correlato militar que corresponde con un cambio estratégico en la dirección de la guerra; “el Plan Continental” de San Martín, que consistía de pasar de la ofensiva terrestre por el Alto Perú, a el Cruce de los Andes, la liberación de Chile y la posterior invasión del Perú por vía marítima . Una línea defensiva a través de una “guerra de guerrillas” en el noroeste al mando del General Güemes y sus “infernales” permitiría contener el avance de los realistas y volcar todos los esfuerzos a la formación de un ejército regular en Cuyo capaz de emprender la campaña libertadora.

“El Plan Sargenton”

La ofensiva continental fue una operación de una magnitud muy superior a otras campañas emprendidas anteriormente con lo cual para llevarla a cabo harían falta otros medios y otras condiciones políticas. En torno a la figura de San Martín nombrado gobernador de Cuyo en 1814, se construyó una extraordinaria maquinaria bélica conocida como el Ejército de los Andes que realizó la campaña militar más importante de toda la Guerra de la Independencia. En el trascurso de dos años Cuyo se convirtió en un enorme campamento militar, tanto los recursos locales como las “libertades individuales” quedaron sujetas a las necesidades de un ejército en formación. El esfuerzo social y económico que impuso la formación y sostenimiento del ejército fue de características trascendentales. San Martín y su Estado Mayor tradujeron la organización castrense al resto de la sociedad, la disciplina no solo fue impuesta a sus tropas, también se ejerció un estricto control social que abarcaba a la totalidad de la población.

La inédita militarización que impuso San Martín buscaba la “profesionalización” del ejército que implicaba el estricto cumplimiento del contrato militar (mando/obediencia) celebrado bajo una autoridad política (Estado), con el fin de evitar la deserción y los saqueos de las tropas sobre los recursos locales, dos de los problemas característicos de los ejércitos en la época. Para ello, los salarios o prest de las tropas adquirieron un papel crucial para el sostenimiento del Ejército Libertador, sumado a ello, para obtener las armas, vestuarios, alimentos, ganados etc., San Martín emprendió toda una ingeniería social-productiva-económica que fue capaz de sostener el esfuerzo bélico.

Estado Bonapartista

El historiador Norberto Galasso utilizó el término Bonapartismo para explicar como hizo San Martín para remplazar a una burguesía inexistente, con un “ProtoEstado” dinámico capaz de “movilizar integralmente un país” a través de iniciativas heterogéneas capaces de producir la acumulación de capitales indispensables para solventar la maquinaria de guerra. En este sentido, lejos de reducir la figura de San Martín a la de “Héroe Militar”, es necesario prestar atención a su labor política en el “Barro de la Historia”. A la hora de obtener recursos el Gobernador aplicó una política que hoy podría ser tildada por muchos de “estatista”, “intervencionista” y “autoritaria”. El Estado o esta organización “cuasi-política” , asumió el rol dinamizador de la economía y generó la acumulación de capitales necesaria para que el aparato productivo pudiera abastecer las necesidades bélicas.

Economía de Guerra para la formación del Ejército Libertador

En la aplicación de una economía de guerra todas las actividades están destinadas a un solo fin: sostener los ejércitos en campaña. San Martín utilizó todos los medios que tuvo a su alcance, sus reformas fiscales y tributarias alcanzaron al conjunto de la población. Estas iban desde la apropiación de fondos públicos, expropiación de riquezas privadas, impuestos extraordinarios, impuestos forzosos y donaciones “voluntarias”. El gobernador dispuso una serie de medidas a los efectos de crear una “Renta Fija” que permitiera financiar las necesidades bélicas. Estas necesidades fueron saneadas por 3 vías; los subsidios de la “Hacienda Nacional”, los impuestos ordinarios y los impuestos de excepción o extraordinarios. Estos impuestos extraordinarios incluyeron un abanico de gravámenes a los “capitales” (lo que hoy podríamos traducir como “Impuesto a las riquezas”) a las corporaciones y al consumo popular.

Las donaciones voluntarias o forzosas implicaban el acopio por parte del ejército de ganado, dinero, telas, y todos los elementos necesarios para la tropa. En efecto, la militarización, la leva y el reclutamiento de la mano de obra masculina libre y esclava dieron lugar a reclamos y resistencias de los sectores propietarios y exigió a San Martín proponer estímulos o incentivos para sostener la militarización y maniobrar frente a las resistencias.

El Estado Sanmartiniano apelo al “rescate” o compra de esclavos de las dos terceras partes de la “esclavatura” de la región cuyana, 710 esclavos fueron convertidos en “libertos”, sujetos que obtendrían la libertad una vez terminada la guerra contra el “español”. Con respecto a esto San Martín decía; “solo nos puede salvar el poner a todo esclavo sobre las armas “. Si bien los esclavos fueron reclutados en batallones separados, ya que no se debían “mezclar” con sus amos estos constituyeron una fuerza de lo más extraordinaria en la campaña emancipadora.

La trasformación económica, social y productiva y el reclutamiento general para el ejército y las milicias dejaron a la producción agrícola e “industrial” agotada ya que numerosos hombres se incorporaron al servicio de armas. Igualmente con la instalación del ejército en los Andes surgieron numerosas pequeñas industrias que fueron absorbidas por las necesidades de las tropas como la fabricación de armas y pólvora, la confección de uniformes, ponchos, frazadas, alimentos y todo tipo de elementos necesarios. A su vez, San Martín dio un notable impulso a la agricultura apuntando a solucionar el problema de la región; la escasez de agua. Para ello desarrolló un sistema de irrigación que permitió extender las tierras de cultivo que a la vez fueron puestas a la venta a los agricultores para la diversificación de los cultivos . Pese al gran esquema protoindustrial constituido en Cuyo, que implicó la instalación de talleres, fábricas, canteras, minas, granjas, molinos “laboratorios” etc. el Ejército de los Andes no alcanzó la autosuficiencia absoluta. Es por ello, que el gobierno central en Buenos Aires destinó cuantiosos recursos a su formación y sostenimiento. En una carta de Pueyrredón a San Martin en 1816 esto decía:

“Van los 200 sables de repuesto que me pidió. Van 200 tiendas de campaña o pabellones. Y no hay más. Va el mundo. Va el demonio. Va la carne y no sé yo cómo me ira con las trampas en que quedo para pagarlo todo; a bien que en quebrando, cancelo cuentas con todos y me voy yo también para que V. me dé algo del charqui que le mando; y ¡carajo!, no me vuelva V. a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido en un tirante de la fortaleza”.

Pese a la exageración del Director Supremo el documento nos brinda un panorama general de las necesidades del Ejército de los Andes. San Martín supo poner en movimiento todos los resortes económicos, productivos y sociales, su “Plan Sargentón” generó tensiones y oposiciones por parte de aquellos que vieron sus intereses y libertades afectadas. Pues claro, el régimen financiero que sirvió a la organización de la maquinaria bélica comprendió el sostenimiento de 5.379 soldados enrolados en los cuerpos de línea y los servicios de retaguardia que se nutrió de los recursos locales y los aportes del gobierno central. Este proceso creó fisuras en el orden social existente, resistencias y consensos. La propiedad privada y las libertades individuales tuvieron límites muy marcados y en definitiva fueron subalternizadas frente a un objetivo común: La independencia política del imperio español.

En momentos de crisis como los actuales, voltear la mirada hacia el pasado nos puede brindar elementos que nos ayuden a pensar críticamente conceptos e ideas tan evocados. La libertad y la propiedad privada como cuestiones indisolubles, inalienables como fundamentos “sagrados” que tantos liberales, libertarios y demás espectros políticos evocan hoy en día no son derechos “naturales” del ser humano más bien son productos de procesos históricos. La conquista de la “Libertad” no fue mero voluntarismo de héroes idealizados, fue más bien el resultado de un proceso histórico de dimensiones complejas, que implicó entre otras cosas “restricciones a la libertad” e intervenciones y expropiaciones a la “propiedad privada”.

Autor: Valverde Salinas Nestor

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