El ex jugador de San Miguel, conversó con Piojo Ramirez en una nota exclusiva para diarioefecto.com . Contó cómo vivió los días previos al partido y la forma en la que pudo salir adelante.

El pasado 22 de julio, se cumplieron 3 años del día en que San Miguel copó el estadio de Arsenal de Sarandí para disputar la primera final ante Defensores Unidos de Zárate, la cual, luego, le daría el ascenso a la Primera B Metropolitana. Uno de los días más recordados por los hinchas.

Pero el clima de fiesta, que no pudo ser completa, se cortó a los 12 minutos del primer tiempo. Es que en ese momento, tras una jugada de pelota parada, Isaias Olariaga chocaba con el delantero Javier Velazquez y se llevaba la peor parte: hundimiento de cráneo, convulsiones y a esperar que no pase a mayores.

Ya con vuelta al rodaje y jugando al fútbol nuevamente de forma profesional (en Real Sociedad de Honduras), Isaias recuerda cómo estaba antes de ese partido: “Los días previos a la final, los viví con ansiedad. Quería que llegue el partido. Esa semana, justo tuve el bautismo de mi ahijada y, el día anterior, le había pedido permiso a Fabian Zermatten para salir de la concentración e ir”, cuenta.

Olariaga recuerda y agrega las sensaciones que tuvo en la previa: “Estaba contento porque fui padrino por primera vez. Con mis compañeros había muy buena onda, pero teníamos mucha ansiedad. Nos sentabamos a conversar y a comer gomitas con el Galle (Mendez) y después vino Cesar Peralta. Me cargaban el día del bautismo porque me vestí de traje. Era un grupo muy lindo”.

Ese 22 de julio, minutos más tarde de las 17 horas, “El Gladiador” Olariaga sufría el accidente que le cambiaría la vida: “Del momento del choqur recuerdo todo. Me acuerdo que sentí el golpe pero tenía los ojos abiertos. De repente vi a mi mamá y a mi hermana dentro de la cancha y no entendía nada. Pensaba que se habían tirado de la tribuna. Quería hablarles y no me salía, me ponía más nervioso”, dice. “Estaba abombado, pero pensaba que iba a volver a jugar. Pensaba que era sólo un golpe y al rato ya volvía (Risas). Pero tenía la cabeza rota y no lo sabía”.

El árbitro Yael Falcón Perez, fue quien le salvó la vida, haciéndole maniobras de RCP cuando Olariaga estaba convulsionando. “Con Yael quedó una muy linda relación, yo se que nos vamos a volver a encontrar. No se si en una cancha de fútbol, pero nos debemos un encuentro”, comenta Isa.

“El ascenso lo viví con más nervios que cuando me tocó jugar esos 12 minutos de la primera final”

“Fue algo hermoso el momento del ascenso. Los días anteriores, como te comenté cuando vinieron a entrevistarme vos y Ariel Lopez, teníamos ganas de ir a Zárate con mi papá. Pero no me dejaron”, recuerda con emoción Isaías, sobre la segunda final, la que le dio la consagración al Verde. “Lo vivimos con mi familia y mis amigos. Yo estaba re nervioso. No sabés lo que fue, Piojo. Me comía las uñas, gritaba y movía las piernas. Tenía el casco que me protegía la cabeza. Cuando terminó el partido, me relajé y ahí me largué a llorar”.

El día del ascenso se realizó una caravana desde Zárate, a la que se fueron sumando cientos de hinchas que esperaban a lo largo de la autopista Panamericana. A la altura de Ruta 197, el micro en el que iban los jugadores frenó y ahí estaba Isaias esperando para reencontrarse con sus compañeros y celebrar: “Cuando me pasaron a buscar, fue lo mejor que me pasó”, se emociona Olariaga.

Isaias le tiene un gran afecto al Trueno Verde: “Tengo los mejores recuerdos de San Miguel. A veces me imagino volviendo a entrenar. Fue un grupo muy lindo el que se formó. Me gustaría volver algún día a ayudar, desde cualquier lugar. Fue y es un club muy lindo”, recuerda. “Mi familia y yo somos hinchas de River, pero también nos hicimos hinchas de San Miguel. Mi papá se muere por ir de nuevo a Los Polvorines ‘Cuando vas a volver a jugar’, me dice siempre”, confiesa Olariaga, entre risas.

“Si a mí me pasaba otra cosa y no la contaba más, ¿Quién se iba a hacer cargo?”

Cuando le rescindieron el contrato en San Miguel, Isaias estuvo muy angustiado y empezó un proceso legal por una discapacidad que le quedó. “Mucho no me gusta hablar del tema, porque le tengo cariño al club y puede caer mal en los hinchas. A ellos les tengo un aprecio enorme. Pero yo fui un trabajador del club y la gente que manejaba en ese momento, no supo estar cuando estuve mal. Son ‘amigos del campeón’, cuando uno está bien y para la foto están todos, pero cuando estás mal, solo está la familia. Ellos se abrieron de gambas”, dice Olariaga, afligido.

El futbolista cuenta que desde el club nunca se comunicaron ni con él ni con su familia o abogado. “Me dolió porque no vinieron a hablar, no me ofrecieron algo, no me dijeron ‘no queremos que te vayas del club’. Yo soy un trabajador más y sufrí un accidente laboral y nadie se hizo cargo. No me gusta que los hinchas sientan que no me importa el club, me da vergüenza que escuchen lo que pasa y que piensen cualquier cosa”, se lamenta.

Para cerrar, Isaías cuenta que se sigue preparando para cuando vuelva el fútbol y recuerda su paso por Polvorines. “La cuarentena creo que la vivimos como en Argentina. No se puede salir, hay que cuidarse. Yo sigo entrenando por mi cuenta para no dar ventajas. Doy gracias a Dios y soy un agradecido a todos los hinchas y a la gente de San Miguel que me apoyó en mi peor momento. Tengo unas ganas de volver a sentir la adrenalina de escuchar los bombos, las canciones, las puteadas. Los llevo siempre presentes en mi corazón”.

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