El experimento neoliberal del “mejor equipo de los últimos 50 años”, dejó unos mercados financieros externos e internos detonados, lo que obliga, sin mejores opciones, a financiar ese creciente déficit de las cuentas públicas con una inyección de liquidez, en palabras más simples, emitir dinero. Según estimaciones del BCRA este deberá para el año 2020 duplicar la base monetaria para atender las cuentas públicas.

Sabemos, afortunadamente, que la decisión del Gobierno desde el primer momento fue y sigue siendo, subordinar el objetivo de niveles de producción a una estrategia de salud pública. Claro está, sin que esto signifique una dicotomía entre atender los problemas económicos o los de salud pública.

La parálisis de la actividad económica en los sectores no esenciales tiene como consecuencia directa una sustancial reducción de la recaudación fiscal, es decir menos ingresos disponibles en las arcas del Estado. Mientras que la decidida política de garantizar ingresos a un vasto porcentaje de la población incrementa los gastos.

El gobierno entonces financia el creciente déficit de las cuentas públicas con una fuerte inyección de liquidez.

No puede ser de otra manera, los sectores de la población de más bajos recursos y que en una gran porción se encuentran en la informalidad, tiene como prioridad tener un plato de comida en la mesa cada día y cubrir sus necesidades básicas para poder afrontar esta crítica situación. En este contexto la necesidad de ingresos urge. Y es el Estado, en manos del Gobierno que afortunadamente se encuentra al frente, quien toma el toro por las astas y asume como compromiso irrenunciable el asistir a la población en tan duro escollo.

El experimento neoliberal del mejor equipo de los últimos 50 años, dejó unos mercados financieros externos e internos detonados, lo que obliga, sin mejores opciones, a financiar ese creciente déficit de las cuentas públicas con una inyección de liquidez, en palabras más simples, emitir dinero. Según estimaciones del BCRA este deberá para el año 2020 duplicar la base monetaria para atender las cuentas públicas.

Claro, es dable suponer que este aumento de liquidez en una economía paralizada, es una antesala de una escapada inflacionaria galopante. ¿Pero es esto realmente así? No, no necesariamente.

La mayor liquidez no va a tener el impacto en los precios que los economistas ortodoxos asustadores seriales, pronosticadores del apocalipsis, intentan predecir basándose en su fundamentalismo monetarista.

¿Por qué? Veamos. No se trata de negar el impacto en los precios que esto va a provocar, se trata de comprender por qué este impacto no será de las magnitudes que los citados profesionales proclaman. Los posibles efectos de la emisión monetaria, deben analizarse en la coyuntura actual y en conjunto con la batería de medidas que el gobierno fue implementando en los últimos días.

Por un lado la fuerte regulación de precios máximos en los sectores esenciales (al punto de imponer fuertes multas y hasta clausuras de establecimientos) y en sectores no esenciales por la imposibilidad de incrementar los consumos que impone la cuarentena, frenan en buena medida un incremento precipitado de los precios de los bienes.

Otro aspecto a analizar, es que la monetización del déficit provoca en principio un mayor ahorro en aquellos sectores que, aun en cuarentena mantienen sus ingresos pero que ven reducidos sus gastos a un mínimo dado solo por aquellos de consumo de bienes esenciales. En principio, el riesgo que esto representa es que ese excedente de ahorros se vuelque al mercado de cambios, generando presiones sobre el precio del dólar blue.

No obstante, otros sectores que ven reducidos sus ingresos y que contaban con ahorros previos puede verse en la necesidad de salir a gastarlos para sostener compromisos impostergables. Como en medida esos ahorros se encuentran en dólares, puede existir entonces una tendencia a ofrecer esas dividías en el mercado paralelo; la operatoria puede verse facilitada, por la desregulación en la venta de divisas contado con liquidación. Obviamente este incremento en la oferta de divisas en estos mercados frena el incremento de su precio al hacer frente a una hipotética demanda de los sectores primero mencionados.

En este contexto, juega un papel fundamental el mantener alto una tasa del impuesto a la compra de divisas para el ahorro que cubra la diferencia entre este valor del dólar oficial y el contado con liquidación, para así evitar ganancias especulativas. No puede exagerarse entonces, la importancia que aquí cumple el cuestionado impuesto PAIS.

Todavía hay más aspectos a tener presente en el análisis. La baja de la producción en los sectores no esenciales implica una fuerte baja de las importaciones, que se suma a una esperada baja del déficit de turismo.

De esta manera se incrementa el ingreso de divisas por el comercio de bienes y servicios. Otros aspecto que juega un papel tajante, es la noticia de que el Gobierno ha declarado que realizará una agresiva oferta en materia de reestructuración de deuda, con suspensiones de pagos, en este caso el superávit de cuenta corriente puede ser muy pronunciado. En definitiva esas divisas que no serán destinadas al pago de deudas pueden ser utilizadas para atender las tensiones cambiarias operando en el dólar contado con liquidación.

Sumado a los actuales bajos valores de los bonos en el mercado, se plantea un oportunidad para su recompra para luego de su reestructuración representar un alivio para las obligaciones externas futuras.

En este orden de ideas, quedo más que claro, que la decisión de duplicar la base monetaria mediante emisión, no es una decisión arbitraria, mucho menos perversa o irresponsable. Por el contrario se llevará a cabo con la responsabilidad que se merece y junto a un conjunto de otras políticas que mitiguen los efectos negativos, que dicha expansión de liquidez podría provocar. Y así debe ser por cuanto el Gobierno del Frente de Todos, tiene como compromiso rector de sus decisiones para afrontar esta crisis de magnitudes globales, proteger al pueblo antes que a los mercados, a las personas antes que a los capitales.

Como bien lo expresare el Presidente Alberto Fernández en su discurso del 19 de marzo, “Una economía que se cae se levanta, pero un vida que se pierde no se recupera más”.

 Luciano José Valverde Salinas. Técnico Universitario en Contabilidad (UNLu)

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